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Una extraña versión del mundo SW(extrañisima) sacada de internet
- Moon
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Autor del tema - Fuera de línea
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18 May 2005 09:41 #13 por Moon
Respuesta de Moon sobre el tema Una extraña versión del mundo SW(extrañisima) sacada de internet
FAN FIC. NO ES MÍO
Introducción
_ ¿Estas despierta?
_ Si, lo estoy._ Respondió la figura que iba vestida de negro.
_ ¿Por qué te dedicaste a esto?_ Preguntó el hostelero.
_ Yo no escogí nada._ Respondió de nuevo la figura de negro._ Nací para ello.
_ Pero, ¿no te gustaría ser otra cosa?
La figura de negro, que estaba sentada en la baranda del balcón, giró el rostro para mirar al hombre que no paraba de preguntarle mientras barría el suelo del patio interior.
_ No._ Respondió rotundamente.
La figura era una mujer, aunque eso el hostelero ya lo sabía, pues la voz no era muy masculina que digamos. Era una mirialana, vestida toda de negro, tapada con túnicas hasta la cabeza. Sus ojos eran de un lila tirando hacia azul claro, y su labio inferior y parte de su barbilla estaban tatuados de un azul muy oscuro, formando pequeños rombos.
La mujer volvió a girar la cabeza para mirar al cielo de nuevo. El hostelero paró de barrer un momento y la miró.
_ ¿Cuál es vuestro nombre?_ Preguntó curioseando.
Un silencio cubrió la noche, nada se escuchaba, la mujer agachó la cabeza:
_ Luminara Unduli…
Barris estaba temprano meditando frente a la figura del sol. Meditaba sobre su vida, el por que la Fuerza la había escogido a ella para ser una Jedi. Era una respuesta difícil de encontrar. La Fuerza le había otorgado el don de conectarse con ella, el don de poder utilizarla. Algunos los llaman suerte, pero Barris sabía y había aprendido de su maestra que la suerte no existe en la mente de un Jedi, nada ocurre por casualidad. Entonces, la conclusión de Barris fue que la Fuerza le había escogido por que debía escoger a una, y la escogió a ella, nada más. No fue suerte. Podría haber escogido a cualquier otro mirialano para ser un Jedi, pero allí la Fuerza solo veía a Barris.
_ ¿Has dormido bien?._ Escuchó la voz de su maestra detrás.
_ Si maestra._ Respondió firmemente Barris, sin dejar de mirar al sol._ Estuvisteis meditando anoche.
_ No._ Respondió Luminara._ El hostelero se empeñó en evitarlo.
Barris dibujó una sonrisa. La unidad r2 que traían consigo escupió unos silbidos y seguidamente dejó ir un holograma del maestro Plo Koon.
_ ¿Que ocurre maestro?_ Preguntó Luminara.
_ Maestra Luminara._ Dijo Plo Koon haciendo una reverencia con la cabeza._ Habéis cumplido el objetivo de la misión correctamente. Podéis volver al Templo cuando queráis.
_ Si Maestro._ Respondió Luminara.
R2-t5 apagó el holograma.
_ Recoge tus cosas._ Le dijo a Barris.
En ese momento la puerta sonó.
_ ¡Les he subido el desayuno!_ Gritó la voz familiar del hostelero.
Luminara abrió la puerta. El hostelero tendió la bandeja hacia la Jedi y asomó la cabeza para ver que Barris estaba colocándose la túnica.
_ ¡Oh!, ¿las Jedi ya se marchan?_ Preguntó poniendo cara de curiosidad.
_ Si, hemos terminado nuestro trabajo aquí._ Respondió Luminara._ Gracias por el desayuno. Ahora, si nos disculpas.
Luminara cerró la puerta y comenzó a vestirse. Se colocó el sable en el cinto y recargó la unidad R2 de energía. La puerta volvió a sonar.
_ ¿Es que este hostelero nunca se cansa?_ Preguntó Barris mientras se dirigía a abrir la puerta.
Luminara rápidamente alzó la mano para detenerla.
_ No es el hostelero.
Barris dibujó una mueca y se llevó la mano al sable de luz. Luminara, con el sable en la mano aun apagado, comenzó a abrir la puerta lentamente con la Fuerza. De repente, un disparo golpeó la puerta y la hizo pedazos. Luminara y Barris encendieron el sable de luz. Unos tres hombres entraron en la habitación armados con rifles de repetición. Luminara, antes de que comenzaran a disparar, arrojó la cama a uno de ellos utilizando la Fuerza. El hombre cayó inconciente. Los otros dos comenzaron a disparar a Barris, que desvió los tiros con elegancia. Luminara abrió la puerta al balcón y salió de la habitación. Barris siguió a su maestra. Era un pequeño hostal de un piso, y saltaron hacia abajo, a una calle llena de multitud de alienígenas. Los dos hombres se asomaron al balcón y no consiguieron encontrarlas entre la multitud. De repente, vieron como la unidad R2 comenzaba a alzarse sola. R2-t5 comenzó a emitir silbidos, los cuales parecían de desesperación. La unidad R2 voló por encima de los hombres y cayó en medio de la calle, para sorpresa de toda la multitud que por allí pasaba. Entonces fue cuando los hombres vieron que había caído junto a las dos Jedi fugitivas, que comenzaron a correr hacia el espacio puerto.
Las jedi corrían apartando a la multitud. La unidad R2 se estaba quedando atrás, pero Luminara hacia lo que podía para ayudarle a ir mas rápido utilizando la Fuerza.
_ ¡Maestra, ¿Quiénes eran?!_ Preguntó Barris mientras corría.
_ ¡No lo se, Ya habrá tiempo para descubrirlo!
Mientras corrían por las calles transitadas, Luminara observó que ya nadie les seguía. Habían corrido quince manzanas y aún no habían llegado al espacio puerto. Debía estar cerca. Las jedi pararon de correr y descansaron un poco mientras esperaban que R2 llegara junto a ellas.
_ Eh muñeca._ Escuchó Barris tras ella. Dio la vuelta para ver a un borracho insolente que estaba apunto de meter la mano donde no debía._ ¿Cómo te… como te llamas, muñeca?
Barris miró a Luminara y esta le negó lo que estaba pensando con la cabeza.
_ No es asunto tuyo._ Respondió Barris.
_ ¿Cómo que no?_ Dijo el borracho acercándose demasiado._ Vas a… vas a venir con… conmigo ahora… yo te enseñaré lo que son… mis asuntos.
Dicho esto el borracho metió mano donde no debía meter. Luminara le cogió el brazo y de un movimiento lo tiró al suelo y le colocó el pie en el pecho.
_ Ha dicho que no es asunto tuyo._ Dijo Luminara.
El borracho, incomprensiblemente, comenzó a llorar. Luminara comenzó a marchar, seguida de Barris y R2. La gente que había presenciado la escena con el borracho se apartó de Luminara, creando sospechas hacia ella, y haciendo mas fácil que los perseguidores las encontraran.
Afortunadamente, no lo hicieron, y llegaron al espacio puerto tranquilamente. Buscaron un transporte que les llevara a Coruscant. No tardaron mucho en encontrarlo, ya que Coruscant era la ruta mas utilizada desde este planeta.
_ Bueno, estamos de vuelta._ Dijo Barris.
Luminara echó un vistazo por la ventana. Por fin marchaban. Por fin dejaban ese planeta llamado Serpnidal.
_ Señor, escaparon._ Dijo Derek._ No pudimos cogerlas.
El Hutt pronunció unas palabras.
_ Daruutta el Hutt dice que las Jedi deben ser encontradas._ Dijo el droide traductor._ Llevan algo de gran valor.
El Hutt volvió a pronunciar otras palabras, esta vez alzando la voz.
_ Interceptarlas antes de que lleguen a Coruscant, o pondrá precio a vuestra cabeza también._ Tradujo el droide.
Derek y sus compañeros estaban a punto de marcharse cuando el hutt volvió a decir algo.
_ ¡Oh! Daruutta el Hutt desea que os lleveis a un fiel servidor con ustedes. Él será el guía.
Daruutta dijo el nombre del fiel servidor en su idioma, y un hombre apareció detrás de él. Era un mirialano, como las dos jedi. Estaba mucho mas tatuado que las dos mujeres a las que perseguían, pero llevaba ropas parecidas. Una vara cruzaba su espalda de arriba abajo y un rifle colgaba de su hombro.
_ Su nombre es Anuc Sannah. Un cazador… ¡oh! ¡Un cazador de jedi! ¡oh cielos!._ Dijo el droide.
Anuc se acercó a los tres mercenarios y les echó una mirada, luego salió por la puerta sin decir nada.
_ Esto no me gusta._ Dijo Derek, siguiendo al mirial.
Barris estaba durmiendo en la silla del transporte, junto a la pequeña ventana. R2 estaba ahora desconectado. Luminara observaba su alrededor. Estaba repleto de alienígenas que no hacían más que comer y comer. Era extraño ver a alguno que estuviera delgado. Barris despertó sin más.
_ ¿Maestra? ¿Cuánto he dormido?_ Preguntó Barris.
_ Tres horas._ Dijo Luminara.
_ ¿Cuanto tardaremos en llegar a Coruscant?
_ Supongo que quedará aun media jornada. Tranquila, si ocurre algo te volveré a despertar.
_ No pensaba dormirme de nuevo, maestra._ Dijo Barris.
_ Debes de estar cansada.
_ Lo estoy, pero no deseo dormir más. Tengo una sensación extraña. Como si algo fuera a ocurrir pronto._ Mientras decía esto Barris miraba a la gente del transporte._ Tengo… tengo un mal presentimiento.
_ Yo lo tengo desde que partimos de Serpnidal.
_ ¿Y por que no me habíais dicho nada maestra?
_ A menudo los malos presentimientos son distracciones, vibraciones de la Fuerza que no tienen por que concernirnos…_ En ese momento la nave paró la hipervelocidad, cosa que hizo que los pasajeros se tambalearan un poco._ Pero creo que este mal presentimiento si que nos concierne, ven.
Luminara se levantó y se dirigió a la cabina. Barris y R2 hicieron lo mismo. Allí encontraron dos guardias que les prohibían el paso.
_ Déjenos entrar, es urgente._ Dijo Luminara.
El guardia iba a decirle algo, cuando escuchó una emisión del piloto en su intercomunicador. El guardia asintió y miró fijamente a las jedi mirialanas. Colgó el intercomunicador y apuntó a las jedi con el rifle.
_ Quedan arrestadas._ Dijo uno de los guardias.
La gente que había cerca se giró para mirar.
Luminara les miró a todos y sonrió, volvió a mirar al guardia.
_ ¿De verás?_ Dijo Luminara sarcásticamente. El guardia miró sus manos, que ahora estaban atadas por sus propias esposas. Luminara se las había colocada con la Fuerza sin ni siquiera mirar. Con un golpe de Fuerza Barris cogió las armas de los dos hombres sorprendidos.
_ Ahora dejadnos pasar._ Dijo Luminara.
Los guardias se apartaron, ridiculizados.
La puerta a la cabina se abrió. Allí estaban los dos pilotos, que estaban dando la vuelta a la nave. Sorprendidos se dieron la vuelta y miraron a las jedi.
_ ¿Que es esto?_ Preguntó._ ¡Sois las jedi!
_ Buena observación, ahora apártese de los mandos._ Dijo Luminara
_ Eso ni lo sueñe._ El piloto desenfundó una pistola rápidamente y apuntó a la maestra de Jedi.
Luminara volvió a utilizar la Fuerza para mover los mandos de la nave. El transporte dio un par de bruscos movimientos, con los cuales el piloto perdió su arma. Luminara pisó la pistola antes de que el hombre la cogiera. El piloto salió de la cabina corriendo, y el copiloto le siguió.
Luminara se sentó en el asiento del piloto mientras Barris vigilaba que no se acercara nadie a la cabina. La jedi buscó en el panel un planeta cercano donde aterrizar.
Barris encendió el sable cuando vio que se volvían a acercar los guardias, y esta vez eran más. Comenzó a desviar los disparos.
_ ¡Maestra, no podré aguantar así mucho rato!_ Gritó Barris.
_ Tranquila, acabo de encontrar un planeta donde tengo un par de peludos amigos._ Dijo Luminara._ ¡Agárrate!
La nave saltó al hiperespacio. Los guardias cayeron al suelo y Barris un poco más y también les sigue. La puerta de la cabina se cerró, pero Barris quedó de pie junto a ella.
_ ¡¿Peludos amigos?!_ Gritó Barris._ ¡¿Está muy lejos?!
_ A menos de un pársec._ Dijo Luminara tranquila.
No tardaron mucho en llegar al planeta. El hiperespacio desapareció y el planeta se dejó ver. Barris miró la pantalla.
_ ¿Kashyyyk?_ Preguntó._ ¿Desde cuando tienes amigos wookiees maestra?
_ Mi maestro me los presentó cuando era su aprendiz. Ve atrás y trae el piloto.
Barris abrió la puerta y todos se asustaron. Llamó al piloto y este vino, aun que vino poco a poco y asustado.
_ ¿Quien te dijo que debías arrestarnos?_ Preguntó Luminara.
_ Daruutta el Hutt ofrece una recompensa por vosotras.
_ ¿Daruutta el Hutt?_ Preguntó Barris._ ¿Otro Hutt?
_ Sí, dijo que llevabais algo de gran valor. Por favor no me hagan nada, no quiero morir.
_ Tranquilo, vuestro transporte se dirigirá a Coruscant como si nada hubiera pasado después de que nosotras aterricemos en ese planeta.
_ ¿Kashyyyk?_ Dijo el hombre asustado._ ¿Por qué sabeis que no se lo comunicaré al Hutt que estáis ahí?
_ Por que he colocado una bomba en una parte de la nave… Al mínimo intento de comunicación con un planeta que no sea del borde interior… Bum… la nave estallará y no habrá comunicación alguna.
Barris miró a su maestra extrañada.
_ Entendido._ Dijo el piloto asustado.
La nave aterrizó en el planeta y las jedi bajaron en un llano de hierbas altas. La nave despegó.
_ Creen que llevan una bomba en la nave._ Dijo Luminara._ A veces la mente débil ayuda a escapar cuando lo necesitas.
Barris dibujó una sonrisa.
_ Ahora busquemos a mis amigos._ Dijo Luminara mientras miraba los altos árboles que había delante del lugar donde estaban
Introducción
_ ¿Estas despierta?
_ Si, lo estoy._ Respondió la figura que iba vestida de negro.
_ ¿Por qué te dedicaste a esto?_ Preguntó el hostelero.
_ Yo no escogí nada._ Respondió de nuevo la figura de negro._ Nací para ello.
_ Pero, ¿no te gustaría ser otra cosa?
La figura de negro, que estaba sentada en la baranda del balcón, giró el rostro para mirar al hombre que no paraba de preguntarle mientras barría el suelo del patio interior.
_ No._ Respondió rotundamente.
La figura era una mujer, aunque eso el hostelero ya lo sabía, pues la voz no era muy masculina que digamos. Era una mirialana, vestida toda de negro, tapada con túnicas hasta la cabeza. Sus ojos eran de un lila tirando hacia azul claro, y su labio inferior y parte de su barbilla estaban tatuados de un azul muy oscuro, formando pequeños rombos.
La mujer volvió a girar la cabeza para mirar al cielo de nuevo. El hostelero paró de barrer un momento y la miró.
_ ¿Cuál es vuestro nombre?_ Preguntó curioseando.
Un silencio cubrió la noche, nada se escuchaba, la mujer agachó la cabeza:
_ Luminara Unduli…
Barris estaba temprano meditando frente a la figura del sol. Meditaba sobre su vida, el por que la Fuerza la había escogido a ella para ser una Jedi. Era una respuesta difícil de encontrar. La Fuerza le había otorgado el don de conectarse con ella, el don de poder utilizarla. Algunos los llaman suerte, pero Barris sabía y había aprendido de su maestra que la suerte no existe en la mente de un Jedi, nada ocurre por casualidad. Entonces, la conclusión de Barris fue que la Fuerza le había escogido por que debía escoger a una, y la escogió a ella, nada más. No fue suerte. Podría haber escogido a cualquier otro mirialano para ser un Jedi, pero allí la Fuerza solo veía a Barris.
_ ¿Has dormido bien?._ Escuchó la voz de su maestra detrás.
_ Si maestra._ Respondió firmemente Barris, sin dejar de mirar al sol._ Estuvisteis meditando anoche.
_ No._ Respondió Luminara._ El hostelero se empeñó en evitarlo.
Barris dibujó una sonrisa. La unidad r2 que traían consigo escupió unos silbidos y seguidamente dejó ir un holograma del maestro Plo Koon.
_ ¿Que ocurre maestro?_ Preguntó Luminara.
_ Maestra Luminara._ Dijo Plo Koon haciendo una reverencia con la cabeza._ Habéis cumplido el objetivo de la misión correctamente. Podéis volver al Templo cuando queráis.
_ Si Maestro._ Respondió Luminara.
R2-t5 apagó el holograma.
_ Recoge tus cosas._ Le dijo a Barris.
En ese momento la puerta sonó.
_ ¡Les he subido el desayuno!_ Gritó la voz familiar del hostelero.
Luminara abrió la puerta. El hostelero tendió la bandeja hacia la Jedi y asomó la cabeza para ver que Barris estaba colocándose la túnica.
_ ¡Oh!, ¿las Jedi ya se marchan?_ Preguntó poniendo cara de curiosidad.
_ Si, hemos terminado nuestro trabajo aquí._ Respondió Luminara._ Gracias por el desayuno. Ahora, si nos disculpas.
Luminara cerró la puerta y comenzó a vestirse. Se colocó el sable en el cinto y recargó la unidad R2 de energía. La puerta volvió a sonar.
_ ¿Es que este hostelero nunca se cansa?_ Preguntó Barris mientras se dirigía a abrir la puerta.
Luminara rápidamente alzó la mano para detenerla.
_ No es el hostelero.
Barris dibujó una mueca y se llevó la mano al sable de luz. Luminara, con el sable en la mano aun apagado, comenzó a abrir la puerta lentamente con la Fuerza. De repente, un disparo golpeó la puerta y la hizo pedazos. Luminara y Barris encendieron el sable de luz. Unos tres hombres entraron en la habitación armados con rifles de repetición. Luminara, antes de que comenzaran a disparar, arrojó la cama a uno de ellos utilizando la Fuerza. El hombre cayó inconciente. Los otros dos comenzaron a disparar a Barris, que desvió los tiros con elegancia. Luminara abrió la puerta al balcón y salió de la habitación. Barris siguió a su maestra. Era un pequeño hostal de un piso, y saltaron hacia abajo, a una calle llena de multitud de alienígenas. Los dos hombres se asomaron al balcón y no consiguieron encontrarlas entre la multitud. De repente, vieron como la unidad R2 comenzaba a alzarse sola. R2-t5 comenzó a emitir silbidos, los cuales parecían de desesperación. La unidad R2 voló por encima de los hombres y cayó en medio de la calle, para sorpresa de toda la multitud que por allí pasaba. Entonces fue cuando los hombres vieron que había caído junto a las dos Jedi fugitivas, que comenzaron a correr hacia el espacio puerto.
Las jedi corrían apartando a la multitud. La unidad R2 se estaba quedando atrás, pero Luminara hacia lo que podía para ayudarle a ir mas rápido utilizando la Fuerza.
_ ¡Maestra, ¿Quiénes eran?!_ Preguntó Barris mientras corría.
_ ¡No lo se, Ya habrá tiempo para descubrirlo!
Mientras corrían por las calles transitadas, Luminara observó que ya nadie les seguía. Habían corrido quince manzanas y aún no habían llegado al espacio puerto. Debía estar cerca. Las jedi pararon de correr y descansaron un poco mientras esperaban que R2 llegara junto a ellas.
_ Eh muñeca._ Escuchó Barris tras ella. Dio la vuelta para ver a un borracho insolente que estaba apunto de meter la mano donde no debía._ ¿Cómo te… como te llamas, muñeca?
Barris miró a Luminara y esta le negó lo que estaba pensando con la cabeza.
_ No es asunto tuyo._ Respondió Barris.
_ ¿Cómo que no?_ Dijo el borracho acercándose demasiado._ Vas a… vas a venir con… conmigo ahora… yo te enseñaré lo que son… mis asuntos.
Dicho esto el borracho metió mano donde no debía meter. Luminara le cogió el brazo y de un movimiento lo tiró al suelo y le colocó el pie en el pecho.
_ Ha dicho que no es asunto tuyo._ Dijo Luminara.
El borracho, incomprensiblemente, comenzó a llorar. Luminara comenzó a marchar, seguida de Barris y R2. La gente que había presenciado la escena con el borracho se apartó de Luminara, creando sospechas hacia ella, y haciendo mas fácil que los perseguidores las encontraran.
Afortunadamente, no lo hicieron, y llegaron al espacio puerto tranquilamente. Buscaron un transporte que les llevara a Coruscant. No tardaron mucho en encontrarlo, ya que Coruscant era la ruta mas utilizada desde este planeta.
_ Bueno, estamos de vuelta._ Dijo Barris.
Luminara echó un vistazo por la ventana. Por fin marchaban. Por fin dejaban ese planeta llamado Serpnidal.
_ Señor, escaparon._ Dijo Derek._ No pudimos cogerlas.
El Hutt pronunció unas palabras.
_ Daruutta el Hutt dice que las Jedi deben ser encontradas._ Dijo el droide traductor._ Llevan algo de gran valor.
El Hutt volvió a pronunciar otras palabras, esta vez alzando la voz.
_ Interceptarlas antes de que lleguen a Coruscant, o pondrá precio a vuestra cabeza también._ Tradujo el droide.
Derek y sus compañeros estaban a punto de marcharse cuando el hutt volvió a decir algo.
_ ¡Oh! Daruutta el Hutt desea que os lleveis a un fiel servidor con ustedes. Él será el guía.
Daruutta dijo el nombre del fiel servidor en su idioma, y un hombre apareció detrás de él. Era un mirialano, como las dos jedi. Estaba mucho mas tatuado que las dos mujeres a las que perseguían, pero llevaba ropas parecidas. Una vara cruzaba su espalda de arriba abajo y un rifle colgaba de su hombro.
_ Su nombre es Anuc Sannah. Un cazador… ¡oh! ¡Un cazador de jedi! ¡oh cielos!._ Dijo el droide.
Anuc se acercó a los tres mercenarios y les echó una mirada, luego salió por la puerta sin decir nada.
_ Esto no me gusta._ Dijo Derek, siguiendo al mirial.
Barris estaba durmiendo en la silla del transporte, junto a la pequeña ventana. R2 estaba ahora desconectado. Luminara observaba su alrededor. Estaba repleto de alienígenas que no hacían más que comer y comer. Era extraño ver a alguno que estuviera delgado. Barris despertó sin más.
_ ¿Maestra? ¿Cuánto he dormido?_ Preguntó Barris.
_ Tres horas._ Dijo Luminara.
_ ¿Cuanto tardaremos en llegar a Coruscant?
_ Supongo que quedará aun media jornada. Tranquila, si ocurre algo te volveré a despertar.
_ No pensaba dormirme de nuevo, maestra._ Dijo Barris.
_ Debes de estar cansada.
_ Lo estoy, pero no deseo dormir más. Tengo una sensación extraña. Como si algo fuera a ocurrir pronto._ Mientras decía esto Barris miraba a la gente del transporte._ Tengo… tengo un mal presentimiento.
_ Yo lo tengo desde que partimos de Serpnidal.
_ ¿Y por que no me habíais dicho nada maestra?
_ A menudo los malos presentimientos son distracciones, vibraciones de la Fuerza que no tienen por que concernirnos…_ En ese momento la nave paró la hipervelocidad, cosa que hizo que los pasajeros se tambalearan un poco._ Pero creo que este mal presentimiento si que nos concierne, ven.
Luminara se levantó y se dirigió a la cabina. Barris y R2 hicieron lo mismo. Allí encontraron dos guardias que les prohibían el paso.
_ Déjenos entrar, es urgente._ Dijo Luminara.
El guardia iba a decirle algo, cuando escuchó una emisión del piloto en su intercomunicador. El guardia asintió y miró fijamente a las jedi mirialanas. Colgó el intercomunicador y apuntó a las jedi con el rifle.
_ Quedan arrestadas._ Dijo uno de los guardias.
La gente que había cerca se giró para mirar.
Luminara les miró a todos y sonrió, volvió a mirar al guardia.
_ ¿De verás?_ Dijo Luminara sarcásticamente. El guardia miró sus manos, que ahora estaban atadas por sus propias esposas. Luminara se las había colocada con la Fuerza sin ni siquiera mirar. Con un golpe de Fuerza Barris cogió las armas de los dos hombres sorprendidos.
_ Ahora dejadnos pasar._ Dijo Luminara.
Los guardias se apartaron, ridiculizados.
La puerta a la cabina se abrió. Allí estaban los dos pilotos, que estaban dando la vuelta a la nave. Sorprendidos se dieron la vuelta y miraron a las jedi.
_ ¿Que es esto?_ Preguntó._ ¡Sois las jedi!
_ Buena observación, ahora apártese de los mandos._ Dijo Luminara
_ Eso ni lo sueñe._ El piloto desenfundó una pistola rápidamente y apuntó a la maestra de Jedi.
Luminara volvió a utilizar la Fuerza para mover los mandos de la nave. El transporte dio un par de bruscos movimientos, con los cuales el piloto perdió su arma. Luminara pisó la pistola antes de que el hombre la cogiera. El piloto salió de la cabina corriendo, y el copiloto le siguió.
Luminara se sentó en el asiento del piloto mientras Barris vigilaba que no se acercara nadie a la cabina. La jedi buscó en el panel un planeta cercano donde aterrizar.
Barris encendió el sable cuando vio que se volvían a acercar los guardias, y esta vez eran más. Comenzó a desviar los disparos.
_ ¡Maestra, no podré aguantar así mucho rato!_ Gritó Barris.
_ Tranquila, acabo de encontrar un planeta donde tengo un par de peludos amigos._ Dijo Luminara._ ¡Agárrate!
La nave saltó al hiperespacio. Los guardias cayeron al suelo y Barris un poco más y también les sigue. La puerta de la cabina se cerró, pero Barris quedó de pie junto a ella.
_ ¡¿Peludos amigos?!_ Gritó Barris._ ¡¿Está muy lejos?!
_ A menos de un pársec._ Dijo Luminara tranquila.
No tardaron mucho en llegar al planeta. El hiperespacio desapareció y el planeta se dejó ver. Barris miró la pantalla.
_ ¿Kashyyyk?_ Preguntó._ ¿Desde cuando tienes amigos wookiees maestra?
_ Mi maestro me los presentó cuando era su aprendiz. Ve atrás y trae el piloto.
Barris abrió la puerta y todos se asustaron. Llamó al piloto y este vino, aun que vino poco a poco y asustado.
_ ¿Quien te dijo que debías arrestarnos?_ Preguntó Luminara.
_ Daruutta el Hutt ofrece una recompensa por vosotras.
_ ¿Daruutta el Hutt?_ Preguntó Barris._ ¿Otro Hutt?
_ Sí, dijo que llevabais algo de gran valor. Por favor no me hagan nada, no quiero morir.
_ Tranquilo, vuestro transporte se dirigirá a Coruscant como si nada hubiera pasado después de que nosotras aterricemos en ese planeta.
_ ¿Kashyyyk?_ Dijo el hombre asustado._ ¿Por qué sabeis que no se lo comunicaré al Hutt que estáis ahí?
_ Por que he colocado una bomba en una parte de la nave… Al mínimo intento de comunicación con un planeta que no sea del borde interior… Bum… la nave estallará y no habrá comunicación alguna.
Barris miró a su maestra extrañada.
_ Entendido._ Dijo el piloto asustado.
La nave aterrizó en el planeta y las jedi bajaron en un llano de hierbas altas. La nave despegó.
_ Creen que llevan una bomba en la nave._ Dijo Luminara._ A veces la mente débil ayuda a escapar cuando lo necesitas.
Barris dibujó una sonrisa.
_ Ahora busquemos a mis amigos._ Dijo Luminara mientras miraba los altos árboles que había delante del lugar donde estaban
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18 May 2005 15:57 #14 por Moon
Respuesta de Moon sobre el tema Una extraña versión del mundo SW(extrañisima) sacada de internet
Pruebas: Caballero Jedi
Cuando el aprendiz tiene suficiente experiencia y conocimiento como Jedi, habiendo construido su sable de luz y probado ser capaz de portar la Fuerza sin esfuerzo, entonces puede intentar convertirse en Caballero Jedi. Éste esfuerzo siempre involucra pruebas, y pueden ser formales o informales dependiendo de quien las supervisa. Pueden ser tan simples como que el Maestro observe el progreso de su aprendiz, o tan complejas como sería un consejo de Maestros Jedi realizando exhaustivas entrevistas y tal vez asignando una misión de algún tipo.
El propósito general de las pruebas es responder una pregunta. Debido a que un Caballero Jedi está técnicamente capacitado para enseñar a un aprendiz suyo, ¿confía la Órden Jedi en que el candidato lo pueda hacer? Si la respuesta es no, entonces el Maestro del aprendiz ha fallado de alguna manera en prepararlo apropiadamente, y se necesita más entrenamiento.
Los elementos básicos de las pruebas incluyen la facilidad para usar la Fuerza, el conocimiento del Código Jedi, la construcción de un sable de luz, la destreza con el sable de luz, la capacidad de auto-defensa, tener un criterio firme y que sea capaz de actuar rápido, y aún más importante, la habilidad de realizar una misión sin la asistencia o intervención de su Maestro. Un fallo en cualquiera de estos elementos indica que el aprendiz aún no esta listo para ser un Caballero Jedi. Ningúna serie de pruebas es idéntica. Deben ser adaptadas para asegurarse de que cada individuo pruebe sus fortalezas y sus debilidades. Las pruebas pueden tomar horas, días o meses, pueden incluir viajar a otros lugares. Incluso se pueden omitir algunos detalles a discreción del Maestro o Maestros que administren las pruebas, si es que en algún punto de su carrera el Jedi ha superado retos más difíciles que los de las pruebas.
Aprobar de manera exitosa las pruebas puede resultar en alguna ceremonia protocolaria, o el Maestro simplemente puede darle una palmada a su alumno e indicarle su camino. En cualquier caso, el nuevo Caballero Jedi está listo para hacerse su lugar en la galaxia preservando la paz y la justicia en el nombre de la Órden Jedi.
Las pruebas.
Las siguientes pruebas son una muestra de lo que un Jedi puede ser exigido para poder convertirse en un Caballero Jedi. El GM puede adaptar estas pruebas segun sus necesidades. Las dificultades presentadas son solo una sugerencia.
Facilidad con la Fuerza: El aprendiz Jedi debe realizar tareas relativamente sencillas relacionadas con los tres aspectos principales de la Fuerza (Alteración, Control y Sentidos) para probar su habilidad de manipular la Fuerza en todas sus formas. Puede ser pedido que maniobre un objeto a través de una serie de obstáculos (Move Object DC 15), o que se trate un animal herido (Heal Another DC 15) para probar su habilidad de Alteración. Una prueba para verificar el Control puede incluir usar Force Stealth para ocultar su presencia a otros usuarios de la Fuerza, o simplemente resistir algún poder Jedi (usando Force Defense para ayudarle a su tiro de Will con DC 15). Tests de Sentidos podrían incluir que el Jedi describa los eventos que acontecen en otro lado (Farseeing DC 20) o localizar una criatura viva escondida (See Force DC 20).
Conocimiento del Código Jedi: La versión más comun de esta prueba es una serie de preguntas que se le hacen al Jedi entre las demás pruebas. Estas incluyen interpretación del Código Jedi, lecciones aprendidas de la historia de los Jedi, y discernir entre la tradición verdadera y una historia errónea inventada por el Maestro (Knowledge [Jedi Lore] DC 15). Esta prueba confirma la base del conocimiento del aprendiz. Un Caballero Jedi se desempeña mejor si conoce la historia y las motivaciones de los Jedi y no permite que información erronea nuble su percepción de la manera de ser de los Jedi.
Construcción de un Sable de Luz: Como se ha mencionado antes, un Jedi que no ha construido su sable de luz no califica para ser un Caballero Jedi - aunque el Maestro o Maestros pueden hacer una excepción si la situación lo requiere. Algunos de los Jedi más respetados de la Órden tenían restricciones culturales acerca de crear o portar un arma letal o incluso no portar ningún arma en absoluto, y sin embargo no haberles permitido convertirse en Caballeros Jedi hubiera sido una gran pérdida para la Órden. La Órden Jedi es capaz de ser flexible hasta cierto punto.
Destreza con el Sable de Luz: La destreza con el sable de luz se prueba a menudo en un duelo. Una vez más, si un Jedi no desea usar un sable de luz, se le permitirá usar el árma de su preferencia, siempre y cuando no sea un arma letal. Si el Jedi no usa armas, esta prueba se ignora según la discreción de los Maestros (aunque el Jedi debe de probar ser capaz de defenderse).
Capacidad de Auto-Defensa: Debido a que se requiere que los Jedi defiendan a los desprotegidos, primero deben ser capaces de defenderse a sí mismos. No importa como logre esto el Jedi siempre y cuando no obtenga favores del Lado Oscuro. El Maestro que imparte esta prueba debe asegurarse que las capacidades del Jedi se forzan hasta sus límites. Este método no solo determina que el Jedi puede defenderse sino que prueba su capacidad de cambiar de táctica cuando su método favorito de defensa no le es útil. Así que esta prueba puede comprender ataques hechos por androides (para aquellos Jedi que utilizan trucos de la mente), criaturas e incluso la misma persona que el Jedi supuestamente debe proteger (para aquellos Jedi que tienen problemas percibiendo amenazas ocultas). El Maestro que aplica la prueba debe monitorear siempre al candidado, puesto que el Jedi debe probar su abilidad para defenderse. Si el Jedi entra a la ofensiva sin provocación, ha fallado la prueba. El Maestro debe asegurarse que nada se salga de control.
Criterio Sólido: La capacidad del Jedi de tomar decisiones acertadas en poco tiempo es únicamente superada por la necesidad de tomar estas decisiones sin ayuda de su Maestro. Esta prueba determina la capacidad de percibir y resolver dilemas sin meditación previa, o, sin meditación suficiente. La prueba puede constar de diferentes partes. Era tradicional antes del surgimiento del Imperio que el Maestro presentara una serie de preguntas éticas en sucesión rápida al candidato. La prueba no solo era resolver las preguntas (una vez que todas fueran presentadas) sino hacerlo en el órden en el que mayor importancia tenían. En general, el Maestro presenta un problema, tal vez uno con consecuencias reales si se presenta la ocasión, y espera una respuesta. Una pregunta incorreta es, por supuesto, motivo de falla. Así mismo lo es una respuesta que se haya tardado demasiado. El Maestro nunca debe indicar cuanto tiempo tiene el candidato para contestar la pregunta, ya que la importancia de la misma debe ser juzgada como parte importante de la solución.
Misión Solitaria: La última parte de las pruebas para convertirse en Caballero Jedi es una misión solitaria realizada sin el Maestro. Si un Jedi ha fallado algúna prueba anterior, no debe realizar esta misión. El propósito de ésta es doble. Primero, el candidato debe aprender como realizar misiones como Caballero Jedi. En segunda, debe contestar la dificil pregunta de saber si el aprendiz puede actuar como un Jedi, realizando misiones, impartiendo paz y justicia así como las necesidades de la Órden, y operar sin supervisión directa o sin desacreditar a la Órden. Aunque es importante el éxito o fracaso del Jedi, la principal referencia de cómo manejó la situación es lo que indica su capacidad de uso de la autonomía que brinda el ser un Caballero Jedi. Un Caballero Jedi debe adaptar sus planes a los cambios de situaciones, debe superar sus miedos y opiniones personales, para lograr determinar la voluntad de la Fuerza, y para realizar las tareas que se la hayan asignado sin titubeos. El Jedi debe estar dispuesto a asumir la responsabilidad de sus acciones (o la falta de ellas) y reparar las cosas tanto como le sea posible. Los Jedi que fallen sus misiones aún pueden ser nombrados Caballeros Jedi si tomaron la iniciativa de rescatar la situación de manera posterior tal vez incluso logrando un resultado superior al alcance inicial de la misión.
Algunos aprendices que logran tareas significativas por su cuenta son nombrados Caballeros Jedi aún si no han recibido una misión solitaria asignada. Por ejemplo, el Consejo Jedi nombró a Obi-Wan Kenobi como Caballero Jedi debido a que logró derrotar a Darth Maul después de que éste acabara con la vida de su Maestro Qui-Gon Jinn. No era una tarea sencilla para un aprendiz Padawan. El Consejo no podía negarle el título de Caballero Jedi a Obi-Wan, dado que había completado las demás pruebas anteriormente.
La misión.
Una misión solitaria nunca es considerada normal, aunque cualquier aprendiz falto de visión pueda considerarlo así. Siempre debe involucrar un viaje corto que lo separe de la ayuda del Maestro y refuerze la noción de que el aprendiz esta por si solo. También incluye una forma tangible de medir el éxito, como entregar algún objeto o rescatar alguna persona, o (en el caso de los Jedi consulares) facilitar una resolución específica para alguna disputa. Debe existir siempre algún factor de riesgo, aunque el peligro no es un requisito. Por supuesto, la misión debe incluir algúna falta de certeza sobre su finiquitación. El candidato a Caballero deberá enfrentarse a posibilidades casi nulas de éxito, rechazo, frustración, tentaciones, ambigüedad filosófica, o tal vez una redefinición de los parámetros de la misión.
Cuando el aprendiz tiene suficiente experiencia y conocimiento como Jedi, habiendo construido su sable de luz y probado ser capaz de portar la Fuerza sin esfuerzo, entonces puede intentar convertirse en Caballero Jedi. Éste esfuerzo siempre involucra pruebas, y pueden ser formales o informales dependiendo de quien las supervisa. Pueden ser tan simples como que el Maestro observe el progreso de su aprendiz, o tan complejas como sería un consejo de Maestros Jedi realizando exhaustivas entrevistas y tal vez asignando una misión de algún tipo.
El propósito general de las pruebas es responder una pregunta. Debido a que un Caballero Jedi está técnicamente capacitado para enseñar a un aprendiz suyo, ¿confía la Órden Jedi en que el candidato lo pueda hacer? Si la respuesta es no, entonces el Maestro del aprendiz ha fallado de alguna manera en prepararlo apropiadamente, y se necesita más entrenamiento.
Los elementos básicos de las pruebas incluyen la facilidad para usar la Fuerza, el conocimiento del Código Jedi, la construcción de un sable de luz, la destreza con el sable de luz, la capacidad de auto-defensa, tener un criterio firme y que sea capaz de actuar rápido, y aún más importante, la habilidad de realizar una misión sin la asistencia o intervención de su Maestro. Un fallo en cualquiera de estos elementos indica que el aprendiz aún no esta listo para ser un Caballero Jedi. Ningúna serie de pruebas es idéntica. Deben ser adaptadas para asegurarse de que cada individuo pruebe sus fortalezas y sus debilidades. Las pruebas pueden tomar horas, días o meses, pueden incluir viajar a otros lugares. Incluso se pueden omitir algunos detalles a discreción del Maestro o Maestros que administren las pruebas, si es que en algún punto de su carrera el Jedi ha superado retos más difíciles que los de las pruebas.
Aprobar de manera exitosa las pruebas puede resultar en alguna ceremonia protocolaria, o el Maestro simplemente puede darle una palmada a su alumno e indicarle su camino. En cualquier caso, el nuevo Caballero Jedi está listo para hacerse su lugar en la galaxia preservando la paz y la justicia en el nombre de la Órden Jedi.
Las pruebas.
Las siguientes pruebas son una muestra de lo que un Jedi puede ser exigido para poder convertirse en un Caballero Jedi. El GM puede adaptar estas pruebas segun sus necesidades. Las dificultades presentadas son solo una sugerencia.
Facilidad con la Fuerza: El aprendiz Jedi debe realizar tareas relativamente sencillas relacionadas con los tres aspectos principales de la Fuerza (Alteración, Control y Sentidos) para probar su habilidad de manipular la Fuerza en todas sus formas. Puede ser pedido que maniobre un objeto a través de una serie de obstáculos (Move Object DC 15), o que se trate un animal herido (Heal Another DC 15) para probar su habilidad de Alteración. Una prueba para verificar el Control puede incluir usar Force Stealth para ocultar su presencia a otros usuarios de la Fuerza, o simplemente resistir algún poder Jedi (usando Force Defense para ayudarle a su tiro de Will con DC 15). Tests de Sentidos podrían incluir que el Jedi describa los eventos que acontecen en otro lado (Farseeing DC 20) o localizar una criatura viva escondida (See Force DC 20).
Conocimiento del Código Jedi: La versión más comun de esta prueba es una serie de preguntas que se le hacen al Jedi entre las demás pruebas. Estas incluyen interpretación del Código Jedi, lecciones aprendidas de la historia de los Jedi, y discernir entre la tradición verdadera y una historia errónea inventada por el Maestro (Knowledge [Jedi Lore] DC 15). Esta prueba confirma la base del conocimiento del aprendiz. Un Caballero Jedi se desempeña mejor si conoce la historia y las motivaciones de los Jedi y no permite que información erronea nuble su percepción de la manera de ser de los Jedi.
Construcción de un Sable de Luz: Como se ha mencionado antes, un Jedi que no ha construido su sable de luz no califica para ser un Caballero Jedi - aunque el Maestro o Maestros pueden hacer una excepción si la situación lo requiere. Algunos de los Jedi más respetados de la Órden tenían restricciones culturales acerca de crear o portar un arma letal o incluso no portar ningún arma en absoluto, y sin embargo no haberles permitido convertirse en Caballeros Jedi hubiera sido una gran pérdida para la Órden. La Órden Jedi es capaz de ser flexible hasta cierto punto.
Destreza con el Sable de Luz: La destreza con el sable de luz se prueba a menudo en un duelo. Una vez más, si un Jedi no desea usar un sable de luz, se le permitirá usar el árma de su preferencia, siempre y cuando no sea un arma letal. Si el Jedi no usa armas, esta prueba se ignora según la discreción de los Maestros (aunque el Jedi debe de probar ser capaz de defenderse).
Capacidad de Auto-Defensa: Debido a que se requiere que los Jedi defiendan a los desprotegidos, primero deben ser capaces de defenderse a sí mismos. No importa como logre esto el Jedi siempre y cuando no obtenga favores del Lado Oscuro. El Maestro que imparte esta prueba debe asegurarse que las capacidades del Jedi se forzan hasta sus límites. Este método no solo determina que el Jedi puede defenderse sino que prueba su capacidad de cambiar de táctica cuando su método favorito de defensa no le es útil. Así que esta prueba puede comprender ataques hechos por androides (para aquellos Jedi que utilizan trucos de la mente), criaturas e incluso la misma persona que el Jedi supuestamente debe proteger (para aquellos Jedi que tienen problemas percibiendo amenazas ocultas). El Maestro que aplica la prueba debe monitorear siempre al candidado, puesto que el Jedi debe probar su abilidad para defenderse. Si el Jedi entra a la ofensiva sin provocación, ha fallado la prueba. El Maestro debe asegurarse que nada se salga de control.
Criterio Sólido: La capacidad del Jedi de tomar decisiones acertadas en poco tiempo es únicamente superada por la necesidad de tomar estas decisiones sin ayuda de su Maestro. Esta prueba determina la capacidad de percibir y resolver dilemas sin meditación previa, o, sin meditación suficiente. La prueba puede constar de diferentes partes. Era tradicional antes del surgimiento del Imperio que el Maestro presentara una serie de preguntas éticas en sucesión rápida al candidato. La prueba no solo era resolver las preguntas (una vez que todas fueran presentadas) sino hacerlo en el órden en el que mayor importancia tenían. En general, el Maestro presenta un problema, tal vez uno con consecuencias reales si se presenta la ocasión, y espera una respuesta. Una pregunta incorreta es, por supuesto, motivo de falla. Así mismo lo es una respuesta que se haya tardado demasiado. El Maestro nunca debe indicar cuanto tiempo tiene el candidato para contestar la pregunta, ya que la importancia de la misma debe ser juzgada como parte importante de la solución.
Misión Solitaria: La última parte de las pruebas para convertirse en Caballero Jedi es una misión solitaria realizada sin el Maestro. Si un Jedi ha fallado algúna prueba anterior, no debe realizar esta misión. El propósito de ésta es doble. Primero, el candidato debe aprender como realizar misiones como Caballero Jedi. En segunda, debe contestar la dificil pregunta de saber si el aprendiz puede actuar como un Jedi, realizando misiones, impartiendo paz y justicia así como las necesidades de la Órden, y operar sin supervisión directa o sin desacreditar a la Órden. Aunque es importante el éxito o fracaso del Jedi, la principal referencia de cómo manejó la situación es lo que indica su capacidad de uso de la autonomía que brinda el ser un Caballero Jedi. Un Caballero Jedi debe adaptar sus planes a los cambios de situaciones, debe superar sus miedos y opiniones personales, para lograr determinar la voluntad de la Fuerza, y para realizar las tareas que se la hayan asignado sin titubeos. El Jedi debe estar dispuesto a asumir la responsabilidad de sus acciones (o la falta de ellas) y reparar las cosas tanto como le sea posible. Los Jedi que fallen sus misiones aún pueden ser nombrados Caballeros Jedi si tomaron la iniciativa de rescatar la situación de manera posterior tal vez incluso logrando un resultado superior al alcance inicial de la misión.
Algunos aprendices que logran tareas significativas por su cuenta son nombrados Caballeros Jedi aún si no han recibido una misión solitaria asignada. Por ejemplo, el Consejo Jedi nombró a Obi-Wan Kenobi como Caballero Jedi debido a que logró derrotar a Darth Maul después de que éste acabara con la vida de su Maestro Qui-Gon Jinn. No era una tarea sencilla para un aprendiz Padawan. El Consejo no podía negarle el título de Caballero Jedi a Obi-Wan, dado que había completado las demás pruebas anteriormente.
La misión.
Una misión solitaria nunca es considerada normal, aunque cualquier aprendiz falto de visión pueda considerarlo así. Siempre debe involucrar un viaje corto que lo separe de la ayuda del Maestro y refuerze la noción de que el aprendiz esta por si solo. También incluye una forma tangible de medir el éxito, como entregar algún objeto o rescatar alguna persona, o (en el caso de los Jedi consulares) facilitar una resolución específica para alguna disputa. Debe existir siempre algún factor de riesgo, aunque el peligro no es un requisito. Por supuesto, la misión debe incluir algúna falta de certeza sobre su finiquitación. El candidato a Caballero deberá enfrentarse a posibilidades casi nulas de éxito, rechazo, frustración, tentaciones, ambigüedad filosófica, o tal vez una redefinición de los parámetros de la misión.
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- Moon
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18 May 2005 16:30 #15 por Moon
Respuesta de Moon sobre el tema Una extraña versión del mundo SW(extrañisima) sacada de internet
Otro Fan Fic titulado: "Un buen ciudadano"
La tarde cae en Coruscant. Las miríadas de
edificios y otras colosales estructuras se bañan de una delicada luz anaranjada que reflejan somnolientas las algodonosas nubes teñidas de un intenso carmesí. Uno de los pocos beneficios de la contaminación es, sin lugar a dudas, los maravillosos atardeceres que producen las partículas nocivas en el aire. A cada instante, un brillo en el cielo, producto del reflejo del sol en los centenares de vehículos y transportes que recorren el espacio aéreo de la ciudad, en una actividad que no conoce descanso, ni de día ni de noche.
Un hombre solitario contempla el espectáculo desde uno de los miradores de la ciudad. De contextura recia por el trabajo a pesar de ser un hombre entrado en años, fuma un cigarrillo en una clara actitud de relajo. Cerca de él algunos niños juegan y las parejas contemplan la tarde. El mirador se encuentra a varios kilómetros sobre el nivel del mar. Sonríe con apatía al pensar en aquella paradoja. Hace cientos de años los mares habían sido drenados de la superficie del planeta. Pero la unidad de medida seguía siendo válida. Le pega una calada al cigarrillo que se consume entre sus dedos y lo arroja a un desintegrador cercano al asiento en donde esta.
Todas las tardes Kotho Ilbiss ejecuta el mismo ritual. Al salir del trabajo se encamina a cualquiera de los miradores que quedan camino a su hogar, para contemplar las nubes y fumarse un cigarrillo. La paradoja de anhelar la naturaleza y a la vez de contaminarla también le hace sonreír con cinismo. Pero así es él.
Kotho Ilbiss, se considera una buena persona. Y un buen ciudadano.
Quizás algo atrapado en un ritmo de vida monótono y sin expectativas. Pero él lo prefiere a la angustia de no conocer el futuro.
Se reclina en su asiento y al mirar hacia arriba distingue una silueta conocida para cualquier habitante de Ciudad Imperial. El Executor mantiene una posición orbital cercana a la atmósfera. Tan gigantesco eintimidante. Una visión que se puede apreciar incluso desde los niveles más bajos de la ciudad.
Para Kotho la visión del destructor no tiene nada fatídico. Solo representa las brabuconadas típicas con las que cualquier gobierno que se precie ha de someter a su población. Un recordatorio de quien manda y la fuerza que posee para hacerlo. Además, no puede reprimir una nota de orgullo tonto. Su padre fue obrero de una fábrica de cerámica prensada. Un material mucho más resistente al calor y la fricción, pero a la vez más liviano que el metal. De los millones de placas que usa el Executor en su panza, más de alguna fue hecha por su viejo, que en paz descanse. El granito de arena del cual haría sentirse orgulloso a un miserable esclavo al construir las pirámides de los templos olvidados de Yavin 4.
Recuerda a su padre en ocasiones. Un hombre trabajador, esforzado que le transmitió su desdén por los políticos.
- Hijo, los líderes pasan y cambian. Los hay buenos, malos o incompetentes. En cualquiera de esos casos solo tú, y nadie más, podrá llevar pan a tu mesa. Por que no lo harán las promesas de los buenos, las amenazas de los malos ni mucho menos los robos de los incompetentes. Pero durante cualquier mandato manténte alejado de ellos, no les des razón ni para apreciarte ni para que te odien. No deben odiarte, por que ya sabes lo que puede pasar. Pero no deben apreciarte ni considerarte de ellos, ni mucho menos hacerlo público, por que las tortillas se voltean, y cuando lo hacen...los que estaban arriba quedan muy abajo.
Y así fue.
Tenía 20 años cuando la República cayó. Recuerda los cruceros enfrascados en los cielos del mismísimo planeta capital. El caos, las explosiones y la incertidumbre. Pero quien busca el gobierno lo hace por que desea controlar a alguien. Así que una vez que se deshicieron de los opositores, el Imperio volvió a las mismas actividades de la República. Algo más controladas y “enérgicas”, Hubo tiempos de hambruna. Pero para los obreros, la vida continuó igual que durante la República.
Así que, siguiendo los pasos de su padre, Kotho encontró trabajo en una de las plantas de distribución de aguas cercanas a la Plaza de los Monumentos. Las aguas son traídas de los casquetes polares del planeta, el único lugar donde sigue ocurriendo el ciclo natural del agua. El agua que se evapora naturalmente, es conducida a los casquetes por unidades de control de clima, donde a partir de condensadores se le hace descender y se congela. Posteriormente las fabricas ubicadas en las zonas polares, funden las masas de hielo y las distribuyen a través de todo el planeta.
Un trabajo humilde pero importante. Como el de su padre.
Ahora a sus 42 años le da para comer y darse algunos gustos. Nunca se casó, pero Dynarah una “acompañante” que conoció en uno de los tantos clubes de Coruscant, puede considerarse en muchos aspectos su mejor amiga y pareja.
Ahora ambos ya viejos, siguen juntos y al menos cada cierto tiempo se escapan a los planetas que aún conservan naturaleza como Naboo, Ord Mantell u otros para pasar un tiempo juntos.
Y los gobiernos se han sucedido, pero ellos evitan el temporal en el anonimato del pueblo. Cumpliendo con las normas de registro, pagando los impuestos muchas veces altos y obedeciendo lo mejor posible las leyes que a cada administración se les vienen en mente.
Si, Kotho Ilbiss es, a su modo, una buena persona y un buen ciudadano.
Se levanta de su asiento con un quejido. Se hace viejo. Toma el maletín de herramientas que siempre trae consigo y se encamina a uno de los turboasensores.
Aún cuando ha pasado su vida usándolos, no le agradan en nada los turboasensores. La idea de lanzarse a más de 100 kilómetros por hora en un tubo de repulsión magnética le hace sentirse incómodo, pero es la única forma de llegar al nivel del suelo en poco tiempo.
Al salir, en la Plaza de los Monumentos las luces comienza a encenderse. En distintos lados despierta la otra cara de Coruscant.
Siempre le pareció extraño que el Imperio no dispusiera de toques de queda o controles censores de las actividades nocturnas. Pero en parte entiende que con eso mantienen contento al populacho. De hecho, lo mantienen contento a él. Se disponía a ir a casa, pero enfila hacia el Tyrhuss porque desea ver a Dynarah.
De improviso, tres andanadas láser impactan en una de las estatuas del emperador destruyendo la cabeza en una lluvia de chispas iridiscentes. Apenas si tiene tiempo de cubrirse tras una columna cuando un tiro bajo deja una mancha ennegrecida en el lugar donde se había parado.
Venciendo el terror que lo inmoviliza, se asoma con cautela desde su parapeto.
Un tiro choca contra la columna a escasos centímetros de su cara.
¿Qué demonios pasa?....¿es a él?...¿por qué?. Ya sin contenerse Kotho tirita de forma compulsiva en su lugar.
Un ruido de botas a sus espaldas hace que se vuelva. Un grupo de seis Stormtroopers con siniestros turboblásters en sus manos corren del otro lado de la plaza hacia él. Aún en pleno trote levantan sus armas amenazantes y disparan al unísono.
Kotho cierra los ojos y espera la muerte.
Ondas de calor pasan a su lado erizándole los pelos de la nuca. Siente el ruido de los impactos lejanos... como al lado opuesto de la plaza. El clamor de las botas pasa a su lado. Y se pierde más allá.
La confusión supera su terror y abre los ojos.
Las tropas pasan a su lado ignorándolo. Desde el extremo lejano de la explanada otro grupo de Stormtroopers persigue a un muchacho de quizás no más de 20 años. Se mueve con agilidad entre el campo de estatuas usándolas como escudo. Girando en el piso en el momento menos esperado y cambiando de lugar. El grupo de tropas que hace poco pasaron al lado de Kotho toma posiciones, hincando una rodilla en el piso y disparan. El joven se repliega de una manera felina y se estira en el último segundo, el impulso del salto lo eleva casi tres metros en el aire. La andanada pasa bajo él haciendo blanco en las tropas que se aproximan del lado contrario, diezmando a la mayoría. De no estar tan asustado, Kotho lo encontraría cómico.
El muchacho cae de pie en una posición defensiva. Kotho no logra entender ¿acaso cree poder enfrentarse con todos esos soldados a la vez?. Ve como el chico lleva su mano al cinto y toma un objeto metálico que sostiene ante sus atacantes de manera amenazadora. Un zumbido extraño llena la cacofonía del combate. Del objeto surge una columna de luz verdosa de casi un metro que se mantiene constante.
Kotho no logra entender lo que ve. Su padre quizás lo supo en su época pero como buen pragmático, nunca le llenó la cabeza de las ideas anticuadas acerca de una orden extinta que alguna vez ayudó a la gobernación de la Antigua República. Pero por la propaganda Imperial que se vomitaba en todos los holocanales, el viejo mecánico sabe que está ante uno de los peligrosos subversivos Jedis.
Uno de los soldados dispara. El Jedi, en una demostración de habilidad impresionante, usa su arma para desviar el tiro en unos 90º dándole a otro de los soldados que trataba de aproximarse sigiloso por su costado. Como si fuera un orden tácita. Avanza con energía entre el circulo cada vez más cerrado de soldados. Cada giro de su espada corta blasters, armaduras y carne. Un grupo rezagado dispara con desesperada insistencia sobre el Jedi. Éste devuelve cada uno de los disparos a sus puntos de origen dejando un grupo de Stormtrooper inmovilizados.
Kotho da un respingo cuando un disparo retumba a su lado. Un soldado dispara parapetado por el otro lado de la misma columna donde él se encuentra. En un abrir y cerrar de ojos el militar se encuentra tirado en el suelo con una masa fundida de hueso y metal en el sitio donde debía estar su cabeza.
Varias unidades de Scoutt se aproximan a la plaza escoltando un transporte blindado de dinámicas formas. Se detienen cerca del grupo que rodea al hombre. Los soldados no se mueven. Desde su posición Kotho ve como el Jedi frunce el ceño en una mueca de contrariada desesperación.
El vehículo abre una puerta lateral. De ella surge una figura sombría. A la distancia el mecánico solo puede ver una especie de columna cubierta de mantos negros. La escena queda en silencio. Solo se oye el crepitar de pequeñas llamas dejadas por los impactos y el ruido de una respiración mecánica proveniente de la figura en el extremo de la plaza.
Sin prisa, pero con decisión. El recién llegado avanza hacia el Jedi. Incontenible como una marejada. Se nota por la actitud de las tropas. Se percibe por el nerviosismo del muchacho.
Si preámbulos una columna de luz rojiza surge de entre los mantos y golpea al Jedi. Éste logra bloquear el ataque. De inmediato, el hombre de la máscara ejecuta una finta buscando un punto de impacto bajo. Arqueándose con ese estilo felino, que lo ha caracterizado durante el combate, el Jedi logra evitar el segundo ataque. Con una metódica precisión y fría persistencia el atacante busca un punto débil en las artes de su contrincante, el cual solo por milagro logra mantener el ritmo para evitar la muerte.
El mecánico, sin saber mucho lo que pasa, percibe como el muchacho se ha desenvuelto en el combate. Con entusiasmo, resolución y una técnica impecable. Como alguien que recién aprendió variadas técnicas y toma la decisión de cual ocupar. El sujeto de la máscara en cambio, no necesita adornos. La determinación y firmeza de su ataque indican como ha llegado a la perfección de una técnica mortal, que solo necesita tiempo.... y un descuido.
Giran estudiándose, atacando, esperando. En una danza mortal.
El muchacho toma la iniciativa ejecutando un ataque desde lo alto bajando su arma dispuesto a partir en dos a su contrincante. El hombre de la máscara ignorando su propia seguridad no hace ningún intento de bloqueo, por el contrario inicia una finta lateral dirigida a la cabeza del jedi. En un último segundo el Muchacho desiste saltando hacia atrás justo a tiempo para evitar ser decapitado. El salto lo arroja contra una de las estatuas. La figura de negro toma ventaja de la distracción de su oponente y avanza decidido a poner fin a la pelea con un movimiento alto. El jedi vuelve a evitar por centímetros la muerte, la espada del hombre enmascarado se incrusta con fuerza en una de las estatuas del emperador.
¿Quién puede saber que extrañas asociaciones se desataron en la mente del oscuro contrincante?. Porque por un momento parece desconcertado. Mientras contempla su espada hundida en lo más profundo en el cuerpo de la estatua.
Aprovechando ese momento el muchacho corre por el lado de su contrincante. En el segundo que le toma al hombre de la máscara negra darse vuelta, el Jedi extiende su mano hacia atrás. Un sonido grave se produce al ser desplazado el aire entre él y su atacante. El hombre de negro sale despedido por unos metros para caer luego al suelo.
El muchacho corre con desesperación. Alcanza el centro de la plaza cuando las tropas de Scoutt comienzan a montar en sus motos. El hombre de la máscara negra comienza a ponerse de pie. Los restantes Stormtrooper tratan de darle alcance.
El jedi va pasando por el lado de Kotho, cuando uno de lo soldados grita
-¡Deténgase en el nombre del Emperador! –
Años de obediencia. De no estorbar a la ley. De tratar de sobrevivir. Se desataron en un gesto reflejo de Kotho Ilbiss.
Balanceó su caja de herramientas con el tiempo justo y el arco preciso, para asestarle al muchacho que corría, un golpe en la cara.
No sabe si quería hacerlo.
No se explica por que lo estaba haciendo.
Pero mientras la caja se abre desparramando una tintineante lluvia metálica en la lozas de la plaza. Por un segundo ve el rostro ensangrentando, dolido, sorprendido y aterrado del muchacho mientras se va de espaldas. Y querría explicarle, que no sabía por que lo había hecho, que lo lamentaba. Que lo perdonara.
Pero solo siente pena. Una pena profunda.
Por el muchacho.
Por él.
En el segundo en que el muchacho cae al suelo, rueda sobre si para levantarse. Pero es tarde.
De algún lado, unos rayos erizados de furia golpean al jedi. Llenando la noche de un brillo blanquiazul. Las tropas retroceden incómodas. Kotho sabe porqué: emana tal terror, tal tristeza de esas formas crispadas. Que el corazón parece paralizarse.
El grito de dolor que profiriere el Jedi en la primera descarga es inhumano.
La segunda descarga hace que el mismo grito alargado se ahogara en una serie de balbuceos inconexos.
La tercera descarga, la recibe un cuerpo inerte que se mueve espasmódicamente por reflejo.
El emisor de esos rayos se detiene al lado del cuerpo del Jedi. Su máscara carente de emociones mira al muchacho.
- Aún vive. Teniente, confínenlo en una de las naves de deportación mandalorianas – exclamó la voz profunda y mecanizada. - ¿es necesario recordarle que esté atento y que no lo descuide? –
- No, Lord Vader. Lo tendremos en consideración – dijo presuroso el teniente.
¿Es posible sorprender a un Jedi?. Se pregunta Kotho. Lo que no sabe es que la inexperiencia puede hacer que cualquiera, no solo un jedi, ignore algún detalle insignificante por concentrarse en uno mayor. Nadie en ese lugar se fijó en él hasta ese momento.
-¡Alto!- gritó uno de los Stormtrooper al aproximarse. Dos más le rodearon.
- Indeti-card- le espetó el primero .
Con manos temblorosas buscó su tarjeta de identificación y se la pasó al soldado. Éste la ingresó en una unidad portátil mientras leía sus datos.
Una sombra se detuvo junto al grupo. Solo el ritmo aterrador de una respiración mecánica se escucha en toda la plaza.
- ¿Y bien? – Preguntó una voz fría, carente de tono. Como proveniente de oscuras cavernas llenas de secretos inombrables.
- Kotho Ilbiss. Mecánico de la planta depuradora de agua B-5236. Está limpio Lord Vader– contestó el soldado.
La imponente figura se paró ente Kotho. Tras la cadavérica máscara siente como unos ojos lo escrutaban indecisos. ¿Que ven?. ¿Su deseo de no entorpecer a los fuertes? ¿O su naciente odio hacia su cobardía y el desprecio hacia el Imperio?.
Vader se volvió al soldado. El que hizo un equivalente imperceptible de un encogimiento de hombros. Luego se volvió al mecánico.
- Excelente trabajo, ciudadano Ilbiss – dijo Vader – Siga por ese camino -
Las tropas abandonan la escena tan rápido como aparecieron en ella.
Kotho, permanece helado en su sitio. La caja de herramientas y su contenido desparramado sigue a su pies. Como único recordatorio de lo acontecido. Las estatuas del Emperador lo contemplan con silenciosa solemnidad.
- Son unos subversivos, eso dicen – susurró para sí el mecánico – solo aspiro al orden y a estar tranquilo. No me he involucrado. Solo fue un accidente. Todos los lados son iguales. ¿Por qué me lamento de un desconocido? ¿Por qué temo a los que nunca temí?. Siempre he sido una buena persona y un buen ciudadano.
Eso era lo correcto, era lo bueno... ¿verdad?.
La tarde cae en Coruscant. Las miríadas de
edificios y otras colosales estructuras se bañan de una delicada luz anaranjada que reflejan somnolientas las algodonosas nubes teñidas de un intenso carmesí. Uno de los pocos beneficios de la contaminación es, sin lugar a dudas, los maravillosos atardeceres que producen las partículas nocivas en el aire. A cada instante, un brillo en el cielo, producto del reflejo del sol en los centenares de vehículos y transportes que recorren el espacio aéreo de la ciudad, en una actividad que no conoce descanso, ni de día ni de noche.
Un hombre solitario contempla el espectáculo desde uno de los miradores de la ciudad. De contextura recia por el trabajo a pesar de ser un hombre entrado en años, fuma un cigarrillo en una clara actitud de relajo. Cerca de él algunos niños juegan y las parejas contemplan la tarde. El mirador se encuentra a varios kilómetros sobre el nivel del mar. Sonríe con apatía al pensar en aquella paradoja. Hace cientos de años los mares habían sido drenados de la superficie del planeta. Pero la unidad de medida seguía siendo válida. Le pega una calada al cigarrillo que se consume entre sus dedos y lo arroja a un desintegrador cercano al asiento en donde esta.
Todas las tardes Kotho Ilbiss ejecuta el mismo ritual. Al salir del trabajo se encamina a cualquiera de los miradores que quedan camino a su hogar, para contemplar las nubes y fumarse un cigarrillo. La paradoja de anhelar la naturaleza y a la vez de contaminarla también le hace sonreír con cinismo. Pero así es él.
Kotho Ilbiss, se considera una buena persona. Y un buen ciudadano.
Quizás algo atrapado en un ritmo de vida monótono y sin expectativas. Pero él lo prefiere a la angustia de no conocer el futuro.
Se reclina en su asiento y al mirar hacia arriba distingue una silueta conocida para cualquier habitante de Ciudad Imperial. El Executor mantiene una posición orbital cercana a la atmósfera. Tan gigantesco eintimidante. Una visión que se puede apreciar incluso desde los niveles más bajos de la ciudad.
Para Kotho la visión del destructor no tiene nada fatídico. Solo representa las brabuconadas típicas con las que cualquier gobierno que se precie ha de someter a su población. Un recordatorio de quien manda y la fuerza que posee para hacerlo. Además, no puede reprimir una nota de orgullo tonto. Su padre fue obrero de una fábrica de cerámica prensada. Un material mucho más resistente al calor y la fricción, pero a la vez más liviano que el metal. De los millones de placas que usa el Executor en su panza, más de alguna fue hecha por su viejo, que en paz descanse. El granito de arena del cual haría sentirse orgulloso a un miserable esclavo al construir las pirámides de los templos olvidados de Yavin 4.
Recuerda a su padre en ocasiones. Un hombre trabajador, esforzado que le transmitió su desdén por los políticos.
- Hijo, los líderes pasan y cambian. Los hay buenos, malos o incompetentes. En cualquiera de esos casos solo tú, y nadie más, podrá llevar pan a tu mesa. Por que no lo harán las promesas de los buenos, las amenazas de los malos ni mucho menos los robos de los incompetentes. Pero durante cualquier mandato manténte alejado de ellos, no les des razón ni para apreciarte ni para que te odien. No deben odiarte, por que ya sabes lo que puede pasar. Pero no deben apreciarte ni considerarte de ellos, ni mucho menos hacerlo público, por que las tortillas se voltean, y cuando lo hacen...los que estaban arriba quedan muy abajo.
Y así fue.
Tenía 20 años cuando la República cayó. Recuerda los cruceros enfrascados en los cielos del mismísimo planeta capital. El caos, las explosiones y la incertidumbre. Pero quien busca el gobierno lo hace por que desea controlar a alguien. Así que una vez que se deshicieron de los opositores, el Imperio volvió a las mismas actividades de la República. Algo más controladas y “enérgicas”, Hubo tiempos de hambruna. Pero para los obreros, la vida continuó igual que durante la República.
Así que, siguiendo los pasos de su padre, Kotho encontró trabajo en una de las plantas de distribución de aguas cercanas a la Plaza de los Monumentos. Las aguas son traídas de los casquetes polares del planeta, el único lugar donde sigue ocurriendo el ciclo natural del agua. El agua que se evapora naturalmente, es conducida a los casquetes por unidades de control de clima, donde a partir de condensadores se le hace descender y se congela. Posteriormente las fabricas ubicadas en las zonas polares, funden las masas de hielo y las distribuyen a través de todo el planeta.
Un trabajo humilde pero importante. Como el de su padre.
Ahora a sus 42 años le da para comer y darse algunos gustos. Nunca se casó, pero Dynarah una “acompañante” que conoció en uno de los tantos clubes de Coruscant, puede considerarse en muchos aspectos su mejor amiga y pareja.
Ahora ambos ya viejos, siguen juntos y al menos cada cierto tiempo se escapan a los planetas que aún conservan naturaleza como Naboo, Ord Mantell u otros para pasar un tiempo juntos.
Y los gobiernos se han sucedido, pero ellos evitan el temporal en el anonimato del pueblo. Cumpliendo con las normas de registro, pagando los impuestos muchas veces altos y obedeciendo lo mejor posible las leyes que a cada administración se les vienen en mente.
Si, Kotho Ilbiss es, a su modo, una buena persona y un buen ciudadano.
Se levanta de su asiento con un quejido. Se hace viejo. Toma el maletín de herramientas que siempre trae consigo y se encamina a uno de los turboasensores.
Aún cuando ha pasado su vida usándolos, no le agradan en nada los turboasensores. La idea de lanzarse a más de 100 kilómetros por hora en un tubo de repulsión magnética le hace sentirse incómodo, pero es la única forma de llegar al nivel del suelo en poco tiempo.
Al salir, en la Plaza de los Monumentos las luces comienza a encenderse. En distintos lados despierta la otra cara de Coruscant.
Siempre le pareció extraño que el Imperio no dispusiera de toques de queda o controles censores de las actividades nocturnas. Pero en parte entiende que con eso mantienen contento al populacho. De hecho, lo mantienen contento a él. Se disponía a ir a casa, pero enfila hacia el Tyrhuss porque desea ver a Dynarah.
De improviso, tres andanadas láser impactan en una de las estatuas del emperador destruyendo la cabeza en una lluvia de chispas iridiscentes. Apenas si tiene tiempo de cubrirse tras una columna cuando un tiro bajo deja una mancha ennegrecida en el lugar donde se había parado.
Venciendo el terror que lo inmoviliza, se asoma con cautela desde su parapeto.
Un tiro choca contra la columna a escasos centímetros de su cara.
¿Qué demonios pasa?....¿es a él?...¿por qué?. Ya sin contenerse Kotho tirita de forma compulsiva en su lugar.
Un ruido de botas a sus espaldas hace que se vuelva. Un grupo de seis Stormtroopers con siniestros turboblásters en sus manos corren del otro lado de la plaza hacia él. Aún en pleno trote levantan sus armas amenazantes y disparan al unísono.
Kotho cierra los ojos y espera la muerte.
Ondas de calor pasan a su lado erizándole los pelos de la nuca. Siente el ruido de los impactos lejanos... como al lado opuesto de la plaza. El clamor de las botas pasa a su lado. Y se pierde más allá.
La confusión supera su terror y abre los ojos.
Las tropas pasan a su lado ignorándolo. Desde el extremo lejano de la explanada otro grupo de Stormtroopers persigue a un muchacho de quizás no más de 20 años. Se mueve con agilidad entre el campo de estatuas usándolas como escudo. Girando en el piso en el momento menos esperado y cambiando de lugar. El grupo de tropas que hace poco pasaron al lado de Kotho toma posiciones, hincando una rodilla en el piso y disparan. El joven se repliega de una manera felina y se estira en el último segundo, el impulso del salto lo eleva casi tres metros en el aire. La andanada pasa bajo él haciendo blanco en las tropas que se aproximan del lado contrario, diezmando a la mayoría. De no estar tan asustado, Kotho lo encontraría cómico.
El muchacho cae de pie en una posición defensiva. Kotho no logra entender ¿acaso cree poder enfrentarse con todos esos soldados a la vez?. Ve como el chico lleva su mano al cinto y toma un objeto metálico que sostiene ante sus atacantes de manera amenazadora. Un zumbido extraño llena la cacofonía del combate. Del objeto surge una columna de luz verdosa de casi un metro que se mantiene constante.
Kotho no logra entender lo que ve. Su padre quizás lo supo en su época pero como buen pragmático, nunca le llenó la cabeza de las ideas anticuadas acerca de una orden extinta que alguna vez ayudó a la gobernación de la Antigua República. Pero por la propaganda Imperial que se vomitaba en todos los holocanales, el viejo mecánico sabe que está ante uno de los peligrosos subversivos Jedis.
Uno de los soldados dispara. El Jedi, en una demostración de habilidad impresionante, usa su arma para desviar el tiro en unos 90º dándole a otro de los soldados que trataba de aproximarse sigiloso por su costado. Como si fuera un orden tácita. Avanza con energía entre el circulo cada vez más cerrado de soldados. Cada giro de su espada corta blasters, armaduras y carne. Un grupo rezagado dispara con desesperada insistencia sobre el Jedi. Éste devuelve cada uno de los disparos a sus puntos de origen dejando un grupo de Stormtrooper inmovilizados.
Kotho da un respingo cuando un disparo retumba a su lado. Un soldado dispara parapetado por el otro lado de la misma columna donde él se encuentra. En un abrir y cerrar de ojos el militar se encuentra tirado en el suelo con una masa fundida de hueso y metal en el sitio donde debía estar su cabeza.
Varias unidades de Scoutt se aproximan a la plaza escoltando un transporte blindado de dinámicas formas. Se detienen cerca del grupo que rodea al hombre. Los soldados no se mueven. Desde su posición Kotho ve como el Jedi frunce el ceño en una mueca de contrariada desesperación.
El vehículo abre una puerta lateral. De ella surge una figura sombría. A la distancia el mecánico solo puede ver una especie de columna cubierta de mantos negros. La escena queda en silencio. Solo se oye el crepitar de pequeñas llamas dejadas por los impactos y el ruido de una respiración mecánica proveniente de la figura en el extremo de la plaza.
Sin prisa, pero con decisión. El recién llegado avanza hacia el Jedi. Incontenible como una marejada. Se nota por la actitud de las tropas. Se percibe por el nerviosismo del muchacho.
Si preámbulos una columna de luz rojiza surge de entre los mantos y golpea al Jedi. Éste logra bloquear el ataque. De inmediato, el hombre de la máscara ejecuta una finta buscando un punto de impacto bajo. Arqueándose con ese estilo felino, que lo ha caracterizado durante el combate, el Jedi logra evitar el segundo ataque. Con una metódica precisión y fría persistencia el atacante busca un punto débil en las artes de su contrincante, el cual solo por milagro logra mantener el ritmo para evitar la muerte.
El mecánico, sin saber mucho lo que pasa, percibe como el muchacho se ha desenvuelto en el combate. Con entusiasmo, resolución y una técnica impecable. Como alguien que recién aprendió variadas técnicas y toma la decisión de cual ocupar. El sujeto de la máscara en cambio, no necesita adornos. La determinación y firmeza de su ataque indican como ha llegado a la perfección de una técnica mortal, que solo necesita tiempo.... y un descuido.
Giran estudiándose, atacando, esperando. En una danza mortal.
El muchacho toma la iniciativa ejecutando un ataque desde lo alto bajando su arma dispuesto a partir en dos a su contrincante. El hombre de la máscara ignorando su propia seguridad no hace ningún intento de bloqueo, por el contrario inicia una finta lateral dirigida a la cabeza del jedi. En un último segundo el Muchacho desiste saltando hacia atrás justo a tiempo para evitar ser decapitado. El salto lo arroja contra una de las estatuas. La figura de negro toma ventaja de la distracción de su oponente y avanza decidido a poner fin a la pelea con un movimiento alto. El jedi vuelve a evitar por centímetros la muerte, la espada del hombre enmascarado se incrusta con fuerza en una de las estatuas del emperador.
¿Quién puede saber que extrañas asociaciones se desataron en la mente del oscuro contrincante?. Porque por un momento parece desconcertado. Mientras contempla su espada hundida en lo más profundo en el cuerpo de la estatua.
Aprovechando ese momento el muchacho corre por el lado de su contrincante. En el segundo que le toma al hombre de la máscara negra darse vuelta, el Jedi extiende su mano hacia atrás. Un sonido grave se produce al ser desplazado el aire entre él y su atacante. El hombre de negro sale despedido por unos metros para caer luego al suelo.
El muchacho corre con desesperación. Alcanza el centro de la plaza cuando las tropas de Scoutt comienzan a montar en sus motos. El hombre de la máscara negra comienza a ponerse de pie. Los restantes Stormtrooper tratan de darle alcance.
El jedi va pasando por el lado de Kotho, cuando uno de lo soldados grita
-¡Deténgase en el nombre del Emperador! –
Años de obediencia. De no estorbar a la ley. De tratar de sobrevivir. Se desataron en un gesto reflejo de Kotho Ilbiss.
Balanceó su caja de herramientas con el tiempo justo y el arco preciso, para asestarle al muchacho que corría, un golpe en la cara.
No sabe si quería hacerlo.
No se explica por que lo estaba haciendo.
Pero mientras la caja se abre desparramando una tintineante lluvia metálica en la lozas de la plaza. Por un segundo ve el rostro ensangrentando, dolido, sorprendido y aterrado del muchacho mientras se va de espaldas. Y querría explicarle, que no sabía por que lo había hecho, que lo lamentaba. Que lo perdonara.
Pero solo siente pena. Una pena profunda.
Por el muchacho.
Por él.
En el segundo en que el muchacho cae al suelo, rueda sobre si para levantarse. Pero es tarde.
De algún lado, unos rayos erizados de furia golpean al jedi. Llenando la noche de un brillo blanquiazul. Las tropas retroceden incómodas. Kotho sabe porqué: emana tal terror, tal tristeza de esas formas crispadas. Que el corazón parece paralizarse.
El grito de dolor que profiriere el Jedi en la primera descarga es inhumano.
La segunda descarga hace que el mismo grito alargado se ahogara en una serie de balbuceos inconexos.
La tercera descarga, la recibe un cuerpo inerte que se mueve espasmódicamente por reflejo.
El emisor de esos rayos se detiene al lado del cuerpo del Jedi. Su máscara carente de emociones mira al muchacho.
- Aún vive. Teniente, confínenlo en una de las naves de deportación mandalorianas – exclamó la voz profunda y mecanizada. - ¿es necesario recordarle que esté atento y que no lo descuide? –
- No, Lord Vader. Lo tendremos en consideración – dijo presuroso el teniente.
¿Es posible sorprender a un Jedi?. Se pregunta Kotho. Lo que no sabe es que la inexperiencia puede hacer que cualquiera, no solo un jedi, ignore algún detalle insignificante por concentrarse en uno mayor. Nadie en ese lugar se fijó en él hasta ese momento.
-¡Alto!- gritó uno de los Stormtrooper al aproximarse. Dos más le rodearon.
- Indeti-card- le espetó el primero .
Con manos temblorosas buscó su tarjeta de identificación y se la pasó al soldado. Éste la ingresó en una unidad portátil mientras leía sus datos.
Una sombra se detuvo junto al grupo. Solo el ritmo aterrador de una respiración mecánica se escucha en toda la plaza.
- ¿Y bien? – Preguntó una voz fría, carente de tono. Como proveniente de oscuras cavernas llenas de secretos inombrables.
- Kotho Ilbiss. Mecánico de la planta depuradora de agua B-5236. Está limpio Lord Vader– contestó el soldado.
La imponente figura se paró ente Kotho. Tras la cadavérica máscara siente como unos ojos lo escrutaban indecisos. ¿Que ven?. ¿Su deseo de no entorpecer a los fuertes? ¿O su naciente odio hacia su cobardía y el desprecio hacia el Imperio?.
Vader se volvió al soldado. El que hizo un equivalente imperceptible de un encogimiento de hombros. Luego se volvió al mecánico.
- Excelente trabajo, ciudadano Ilbiss – dijo Vader – Siga por ese camino -
Las tropas abandonan la escena tan rápido como aparecieron en ella.
Kotho, permanece helado en su sitio. La caja de herramientas y su contenido desparramado sigue a su pies. Como único recordatorio de lo acontecido. Las estatuas del Emperador lo contemplan con silenciosa solemnidad.
- Son unos subversivos, eso dicen – susurró para sí el mecánico – solo aspiro al orden y a estar tranquilo. No me he involucrado. Solo fue un accidente. Todos los lados son iguales. ¿Por qué me lamento de un desconocido? ¿Por qué temo a los que nunca temí?. Siempre he sido una buena persona y un buen ciudadano.
Eso era lo correcto, era lo bueno... ¿verdad?.
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