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  ALTURA: 1,37 METROS
 

rango: VENDEDOR DE CHATARRA

 

AFILIACION: NINGUNA

  CLASIFICACION: TOYDARIAN
  Arma PERSONAL: NINGUNA
  PLANETA HOGAR: TOYDARIA
PRIMERA APARICION: STAR WARS EPISODIO i: la amenaza fantasma
 

n vendedor de chatarra gruñón, maloliente y avaricioso como Watto no podría ser precisamente la figura mas popular de Tatooine, aunque después de todo el toydarian no estaba allí para ganar concursos de popularidad sino por dinero... y del verdadero. A este toydarian en particular le encanta quejarse, “los soles son demasiado calientes”, “mis esclavos son demasiado lentos”, “Los jawas siempre quieren robarme”, diría una y otra vez, y siempre sentía que cada una de sus quejas podría ser justificada mil veces. Sabía perfectamente que no era tan importante en Tatooine como Jabba o Gardulla la Hutt, pero siempre aseguraba que no era su culpa. Esos dos pesos pesados del negocio estaban presentes en las pesadillas de Watto en sus intentos de llegar a la sima, aunque según él era debido a la “incompetencia de otra gente” y “su mala suerte”. La historia de la tan particular personalidad de Watto puede remontarse a muchas décadas atrás en su juventud en Toydaria. El planeta sufre cambios climáticos muy frecuentes y bruscos, permitiendo pequeños lapsos de temporadas propicias para los cultivos cada tanto durante una década, dando lugar a una importante escasez de comida.

Los toydarians que consumen grandes cantidades de energia, veían el hambre de su pueblo como una oportunidad de entrar con sus vecinos. Siendo muy joven, el toydarian Watto se enlistó en el ejército de la Confederación Ossiki, cuyos soldados utilizaban químicos para envenenar los alimentos de las Confederaciones rivales, la filosofía de su líder era sencilla: “Si nosotros no podemos tenerla, nadie la tendrá.” Cuando el hambre finalizó, de igual manera finalizó la guerra. Watto, sin embargo, llevaría consigo las cicatrices de guerra el resto de su vida, con un colmillo izquierdo roto, y una pierna coja.

Con el pasar del tiempo, Watto se dirigió a Tattoine donde se estableció junto a los clanes de jawas, aprendiendo los secretos de la economía oculta de Tatooine y perfeccionándose en el arte del regateo. Como los jawas, Watto prefería hacer negocios con foráneos en vez de “tratar” con los pobladores locales de Mos Espa… los recién llegados eran mucho mas fáciles de estafar.

Watto tenía muy pocas pertenencias, era después de todo tacaño hasta la médula y la mayoría de lo que tenía podía encontrarse en las pilas de chatarra en la parte trasera de su tienda. Sus pocas pertenencias importantes como los esclavos Anakin y Shmi Skywalker, eran cosas que le daban estatus. Watto los obtuvo de Gardulla la Hutt en una apuesta en las carreras de vainas y pronto los puso a trabajar en su tienda de chatarra. Mientras Shmi trabajaba en la limpieza y reparación de circuitos, el joven Anakin mostró un increíble talento para reparar cosas, y Watto le tenía mucho aprecio. Incluso cuando era lo suficientemente inescrupuloso para tener un esclavo, Watto era un amo justo. Quizás tenga que ver con que el muchacho era la principal fuente de ingresos para Watto, no solo por hacer que sus maquinas funcionen constantemente, sino también por competir para Watto en las carreras de vainas.

Los pobladores de Mos Espa comentan que Watto sabía perfectamente que Anakin podía pilotar speeders tal como le había dicho en una oportunidad Gardulla la Hutt. Un día, mientras Watto estaba disfrutando de una bebida en una cantina local, estalló una gran pelea justo cuando Anakin debía entregar allí un datapad. Cuando el niño se escabulló del medio de esa inmensa pelea sin un solo rasguño, al toydarian se le ocurrió una idea. Al día siguiente, y a pesar de las protestas de su madre, Watto le hizo conocer a Anakin el lucrativo mundo de las carreras de vainas. Anakin era un increíble piloto, e incluso a su corta edad, era el único humano que se conoce que ha competido en el peligroso deporte de altas velocidades que son las carreras de vainas, pero en las carreras donde competía Anakin contra el malvado dug Sebulba, Watto siempre apostaría a este ultimo porque como el toydarian siempre decía, "¡Él siempre gana!".

También con frecuencia Watto enviaba a Anakin a algunas de las subastas de chatarra que realizaban los jawas, sabiendo que regresaría con mercadería de primera a un precio razonable y el niño aprovecharía el trato con los pequeños seres para mejorar su propia vaina. En algunas ocasiones Watto llevaba consigo un bastón bastante deteriorado o su vieja pipa favorita hecha de shisa. Watto tenía familia en Toydaria aunque no se mantenía mucho en contacto con ella ya que tenía miedo que se aprovechen de su generosidad y le pidan favores o peor aun, algo de dinero. Aunque Watto era uno de los más pequeños vendedores del distrito comercial de Mos Espa, su mercadería era tan rara y variada que con frecuencia los pobladores locales se detenían en su tienda cuando necesitaban partes difíciles de encontrar. Sí el cliente no tenía nada para hacer un trueque, Watto insistía en que pague con la moneda local de Tatooine. Debido a que los hutts controlaban el cambio de moneda del planeta, convertir los créditos Republicanos en algo que se pueda gastar era más complicado de lo que parecía.

La actividad favorita de Watto eran las apuestas, y sus ganancias en las carreras de vainas de Mos Espa le aseguraban un puesto de importancia entre el circulo de apostadores… y mucho mas dinero para seguir apostando. Anakin Skywalker era el esclavo favorito de Watto, y cuando Qui-Gon Jinn hizo una apuesta para garantizar la libertad del niño, el toydarian estaba seguro que pronto tendría la nave del iluso foráneo.  Por supuesto, Watto perdió la apuesta de la carrera de vainas y cuando Qui-Gon regresó a buscar al muchacho, el vendedor de chatarra sintió que estaba perdiendo mucho más que dinero. “Llévatelo” dijo en forma pausada, mientras en su voz se podía percibir lamento y tristeza. Aunque mas tarde Watto contrató un grupo de matones para “persuadir” a Qui-Gon de dejar al niño, su idea falló. Incluso el cubo de azar de Watto (preparado para caer siempre en el color rojo) se había ido. Watto sospechaba que lo había dejado en el suelo del hangar de vainas de Boontha Eve después de ese desafortunado encuentro con el forastero. “¿Haz visto mi cubo del azar?” le preguntó preocupado a todo el que entraba a su tienda por un mes. Desposeído y solo, pasaría horas errante en las calles de Mos Espa en busca de su suerte perdida.

Después de aquel incidente con el foráneo trató a Shmi Skywalker mucho más amablemente. Ya no se escucharían insultos tras insultos en huttes cuando ella hacia una reparación de una forma que no le agradaba. De hecho parecía sentirse incomodo con Shmi, sabiendo que su relación amo – sirviente había cambiado, sin saber que hacer al respecto para cambiar eso. Seis años después Watto vendió a Shmi a Cliegg Lars, un granjero de humedad de las afueras de Mos Eisley que la liberó, y posteriormente se casó con ella. Watto sabía que ella estaría feliz allí, además que necesitaba el dinero para recuperarse.

Diez años después de haber perdido a Anakin Skywalker en la apuesta de la carrera de vainas, el dinero y la salud eran algo escasos para Watto. Aun tenía su tienda de chatarra en Mos Espa y algunos cuantos droides para asistirlo, pero ya no tenía esclavos. Ahora un viejo toydarian, y en el ocaso, soñaba con las oportunidades que había perdido en su vida. A ese mismo mundo regresó Anakin Skywalker quien había crecido y era parte de la orden Jedi. Watto saludó calidamente a su una vez esclavo y fue lo suficientemente amable para contarle de la suerte de su madre. Ver a Anakin le recordaba mejores tiempos, cuando tenia su propia pantalla privada en la pista de carreras de vainas y miles de créditos en su cuenta.   

Como Shmi lo indica en el Episodio I, unos transmisores son colocados a todos los esclavos de Mos Espa. Sí un esclavo viaja demasiado lejos o intenta escapar, el transmisor puede explotar. En una de las primeras versiones del guión de La Amenaza Fantasma se incluye una escena donde Watto utiliza un dispositivo de mano para localizar el transmisor en el cuello de Anakin. Él entonces "jala un gatillo, y saca un chip del tamaño de una uña, hay un poco de sangre en el cuello de Anakin," luego Obi-Wan, que en esta versión del guión es quien descubre a Anakin, cubre la pequeña herida. Antes que Anakin y Obi-Wan abandonen el lugar, Watto dice regañando: "Espero que disfrutes de tu libertad, muchacho. Regresa algún día y visita a tu mamá."


 
   

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