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Altura: 0,96 metros
Rango: Chatarrero
Afiliación: Ninguna
Clasificación: Jawa
Arma personal: Blaster Jawa
Planeta hogar: Tatooine
Primera aparición: Una Nueva Esperanza
(Episodio IV)

 

n miembro de la especie de chatarreros de Tatooine conocido como Jawas, Het Nkik se reveló contra su propio clan mentalmente, atreviéndose a retar viejas ideas con nuevas. Los Jawas son inteligentes nativos similares a los roedores quienes recogen la chatarra de los desiertos y callejones de las ciudades, buscando equipamiento pasado de moda y abandonado. Las criaturas de metro de alto, usan ásperos tejidos mantos con capuchas, pretejiéndose a sí mismos de los dos feroces soles de Tatooine. Mientras que sus resplandecientes ojos son visibles bajo sus capuchas, y el olor de un Jawa inequívocamente es nauseabundo, pocos seres han visto como se ve realmente un Jawa sin su capucha. Los diminutos chatarreros entienden el Básico, pero prefieren hablar su propio lenguaje.

Los Jawas vagan por Tatooine en gigantes hogares – fortalezas conocidos como los sandcrawlers. Cada sandrawler alberga una comunidad Jawa de cerca de trescientos miembros. Al reparar o reinstalar partes electrónicas en androides y maquinaria que ellos recolectan, los Jawas con frecuencia obtienen ganancias en diferentes puestos en el desierto. Más allá de su apariencia y malolientes condiciones de vida, los Jawas son excelentes para reparar y analizar dispositivos mecánicos.

Los granjeros de humedad de Tatooine son los blancos principales de las ventas recicladas de los Jawas. Los chatarreros también poseen un lote en Mos Eisley conocido como Mercaderes Jawas, manejado por una hembra Jawa conocida como Aguilae. Los Mercaderes Jawas se especializan en androides de reparación de vehículos, especialmente aeronaves, haciéndolo un perfecto mercado para un puerto espacial lleno de pilotos y contrabandistas.

Cuando era joven, Het Nkik y su mejor amigo del clan, Jek Nkik, se toparon con un caza estrellado. A pesar de que la mayoría de este no se podía utilizar, ellos recobraron un androide asesino modelo E522 dañado severamente de los escombros. El líder de su clan, Wimateeka, observó el progreso de los dos incluso cuando este se mantuvo en secreto. Cuando los jóvenes Jawas dieron a conocer el androide, totalmente reparado, pero sin armamento, y programado para intenciones pacíficas, Wimateeka exteriormente riñó con ellos, pero interiormente admiraba sus habilidades. Los dos más tarde, vendieron el androide a Lady Valarian.

Generalmente cobardes, los Jawas han sido conocidos por pelear, pero solo en defensa. Sus sandcrawlers han sido atacados por Moradores de las Arenas, y por los monstruosos dragones krayt que vagan en los desiertos. Sus armas son usualmente construidas de partes de diferentes tecnologías.

El mismo verano en que la Estrella de la Muerte iba a ser destruida por un joven granjero de Tatooine, Het Nkik viajó a un encuentro anual de clanes. Este era su tercer año de atender al evento como un adulto. Él se encontró intimidado por el grupo de sandcrawlers junto a las dunas de arena y a los cientos de Jawas quienes habían establecido el intercambio allí, Het trató de buscar entre esa multitud a su amigo Jek, quien había sido enviado a otro clan dos años antes.

Mientras este buscaba a su amigo, Het sintió el miedo y la preocupación por parte del líder de su clan, Wimateeka, quien se encontraba hablando con el líder de otro clan. Los Moradores de las Arenas habían atacado una fortaleza Jawa, y se temía que el sandcrawler del clan de Jek podía haber encontrado el mismo destino. Het discutió con los ancianos del clan, preguntándoles porque los Jawas no habían peleado con los Moradores de las Arenas en vez de huir de ellos. Wimateeka podría solo argumentar disculpas con el joven Jawa.

Cuando este se alejó aprisa, furioso, Het fue detenido por un mercader Jawa del clan Kkak. Expresando admiración por las ideas del joven miembro de un clan, el Jawa Kkak produjo un rifle BlasTech DL-44. El arma estaba prohibida para los Jawas, pero Het regateó por esta de todas maneras, abandonando la transacción con pocos créditos a su haber, pero sosteniendo una poderosa arma en sus manos.

El sandcrawler de Jek nunca apareció, tampoco noticias sobre este. Cuando el encuentro de Jawas finalizó, Het persuadió al piloto del sandcrawler para trasladarse a la localización donde el clan de Jek había desaparecido. Ellos llegaron a los humeantes escombros del sandcrawler, y todos, excepto Het corrieron para recoger la chatarra utilizable. Un humano anciano, y dos androides se encontraban de pie cercanos al sandcrawler, depositando los cuerpos de los Jawas en una pira funeraria.

El hombre habló a los recién llegados en la lengua Jawa, expresando su dolor por la perdida del clan. Het estudió las huellas y marcas de los blasters que hicieron sus atacantes. A pesar de que estas parecían ser huellas de banthas, y se encontraban arrojados por todos lados bastones gaderffii, él solo podía sentir el olor del plastiacero, el olor de los stormtroopers, no de los Moradores de las Arenas.

El anciano confirmó lo que Het le había dicho a los líderes de su clan. Él les advirtió que los Imperiales continuarían con sus ataques tanto a los Jawas como a los Moradores de las Arenas, fomentando la violencia entre los nativos del desierto. “Los Jawas no carecen de poder” el anciano humano les dijo, “sí ellos no desean carecer de este.”
Mientras que el anciano les advirtió, Het sabía que había adquirido el rifle por una razón. Él pudo conseguir un pequeño transporte de los escombros del sandcrawler de Jek que lo llevaría a Mos Eisley, y los Imperiales.

Cuando este llegó al puerto estelar,  Het sabía que necesitaba un blanco para su furia... y su blaster. Mientras que formulaba un plan, este se dirigió a una cantina y ordenó una bebida. Cuando vio de nuevo al anciano esta vez junto a un joven granjero entrar a la cantina, lo vio como un presagio de fortaleza. Incluso Het se sintió más confiado cuando el anciano utilizó con gracia una de las armas más deslumbrantes que había visto, un sable de luz.

Antes de que el Jawa se pudiese ir, un ranat llamado Reegest lo acorraló. El pequeño mercader le ofrecía un cuerno de bantha, que era sin dudas un talismán de batalla para los Moradores de las Arenas. Het lo tomó como otra señal para su confianza, y regateó por la pieza, mostrando al ranat su rifle. Empuñando el rifle y el talismán, él estaba apunto de hacer sus sueños realidad.

Trepando los escombros de la estrellada nave Dowager Queen, el Jawa se encargó de un contingente de ocho stormtroopers, un pequeño contingente, pero representaba una gran venganza. Het sabía que pronto moriría, pero él se convertiría en el Jawa más famoso de Tatooine... y el único que peleó alguna vez.

Con una cercana aproximación al grito de guerra de los Moradores de las Arenas, Het Nkik apareció de los escombros y disparó de nuevo a otros stormtropers en varias oportunidades. Desafortunadamente, nada salió del blaster, el feroz Jawa no había notado que el ranat había robado las cargas de poder del rifle. Uno de los stormtroopers apuntó y disparó, haciendo que Het caiga en los escombros. El Jawa estaba muerto antes de que este tocara la arena.
La leyenda de inspiración que Het Nkik buscó para sí mismo nunca se volvió realidad; los Jawas permanecieron cobardes como siempre, incluso después de la caída del Imperio.

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